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miércoles, 10 de abril de 2013

Toda la hierba del mundo...


A uno, que es de pueblo, que no encuentra un atractivo especial en que las estrellas brillen por la noche o que las ortigas nazcan en primavera, le choca que a los capitalinos les sorprenda que gruñan los cerdos, planeen las cigüeñas o florezca el romero… cuando toca. Aunque no debería parecerme extraño, porque eso es lo “natural” en alguien a quien engullen las feroces bocas del metro cada día y que en lugar de escuchar a los mochuelos escucha “próxima parada… Tribunal" Esto viene a que Mari, Mariyerbas, y Alfredo, su marido nos invitaron a pasar el día con ellos en Villabrázaro. Allí estaban sus amigos, un encanto, la hermana de Mar y Manuel, su chico, Isabel, Ana y Elena. Nada que decir de los anfitriones: siempre son hospitalarios, amables, pacientes, simpáticos y buena gente. Conocer a Alfredo y a Mari es una de las mejores cosas que he sacado de eso de que Mar haga jabón. 
Tras la comida nos fuimos a  una pedanía cercana de cuyo nombre no puedo acordarme, con un templo del cister y teníais que ver a las jaboneras cogiendo yerbajos (Menos a Mar y a Mari, que como viven donde viven no se les ocurre echar mano de cualquier cosa que brote al lado de la carretera o de una capilla, por muy cisterciense que se yerga.)

-¿Tú no apañas hierba, Mari?  Échale mano a un puño de ortigas, mujer…
-Ya tengo yo en casa toda la hierba del mundo…  
-Mmmm  -se extasiaba Ana- mira como huele el romero.

Lo olisqueé un momento y a mí me pareció que olía a romero.

-¿No es un olor especial?

Hombre, lo especial sería que siendo romero oliera a lavanda, pero me limité a decirle que sí, que qué maravilla y miré a Mari como diciéndole: “si se me ocurre soltarle que no lo encuentro especial mayormente, a lo mejor piensa que no soy sensible”.  Así que luego me quedé tan calladito cuando hablaban de conejos y de lo cruel que era matarlos –comerlos seguro que no les parecerá tan cruel- . Cómo iba a decirles que en Villamatojos no conozco a nadie de mi edad, incluido yo mismo, que no sepa desollar un conejo, sacrificándolo primero. (En Villamatojos en realidad los matamos, no los sacrificamos, eso es de veterinarios) Vi la cara de Alfredo en la conversación y pensaba lo mismo que yo.  ¿Qué supondrán estas amigas jaboneras de asfalto que hacemos cuando una gatita pare media docena de gatitos monísimos que en un año a su vez vuelven a parir preciosos mininos?
Ya tiene razón Braulio cuando dice que a los de ciudad  -aquí llegan con las moscas a pasar el verano y se van con ellas, Braulio cree que si un año no vinieran forasteros no tendríamos moscas, pero no es un estudio científico. Digo que ya tiene razón Braulio cuando asegura que los ciudadanos son muy tiernos y no se les puede decir la verdad.

-¿Tú crees que si viene Pepita en los veranos con la niña y la criaturita, de ocho años, me dice “qué corderito más mono” le voy a contar que en cuanto salgan por la puerta lo tengo que matar, despellejar y partirlo por el medio con un alambre?  Pensarían que soy un salvaje sin civilizar… hay que fingir que se mueren solos y que los que tenemos ganado lo tenemos porque es muy bucólico verlos pastar en la hierba con el rocío de primera hora de la mañana. (No dijo bucólico)

Bueno esto parece menosprecio de corte y alabanza de aldea, cuando a mí la ciudad me encanta: prefiero una excursión a Madrid que al Teso de la Mora (al lado de casa) y ver una buena exposición a ver un matojo de ortigas flamantes… Y prefiero un buen plato de arroz a la zamorana, que rico estaba, a hacer una crema espiritual e inmarcesible que puede eliminarte de golpe las arrugas. Que vamos, imaginaos que me las quita de verdad y no me dejan entrar en los sitios porque les parezco menor de edad, yo con mis cincuenta cumplidos. Me desaparecen las arrugas y luego voy con Mar por ahí y una señora gorda me pone una piruleta en la mano y me dice:

-¿Ya hiciste la primera comunión, bonito?
-No, señora –tendría que responderle- hace más de treinta años que hice la última.

Como me contestó el Braulio el otro día cuando le pregunté…

-¿Quieres que te regale un jabón de arcilla verde para quitarte esos granos?
-Sí, hombre, pos luego (“y qué más” en Villamatojí), de ninguna manera, para una cosa que tengo me la vas a andar quitando…

Pues nada, aquí andamos. De vez en cuando cojo yo el teléfono:
-Mar, una señora, que quiere guantes.
-¿Guantes?
-Sí, que si tienes algo para las manos ahora que estamos en invierno.

No deja de llover. Mar asegura cabreadísima que va a estar lloviendo hasta junio del año que viene.

-Chiskis, hace mucho que no publicas una crónica en tu blog. ¿Por qué no escribes algo gracioso?

Como si yo escribiera cosas graciosas. Como si estuvieran los tiempos para reírse. Pero tenía que saludaros a todos un ratito y espero que me perdonéis que sea un saludo y un agradecimiento a Mari y Alfredo y no una crónica. Otro día será, en cuanto salga el sol definitiva y abrasadoramente, aunque aquí en Villamatojos los mayores dicen que sólo hay dos estaciones: el invierno y la del ferrocarril.

El blog de mi señora jabonera http://jabonesartesanoslacajitademadera.blogspot.com .
Besos mil, como las aguas de abril.



martes, 2 de octubre de 2012

Y Braulio se hizo carne...


Viendo la serie, ya antigua, de “El abogado”, pensaba yo anoche que los jaboneros sois como los fiscales: encerráis a los aceites en cárceles de sosa. Además me parece que tenéis buena culpa de cómo nos va: tanto hacer jabón, y jabón, y más jabón… trae como consecuencia tantos políticos lavándose las manos. Los jaboneros tenéis efectos secundarios. Hace pocos días murió una señora de Villamatojos, ya mayor, buena gente, la pobre… que usaba jabones y cremas de Mar.

-Cariño –le dije-, usando la crema antiarrugas, sin conservantes, colorantes, ni aromas químicos y eso… pues la mujer se puede decir que ha fallecido de muerte NATURAL.

No entiendo por qué no le hizo gracia el comentario. No puede uno abrir la boca. Aunque arrancaba esta crónica acusándoos de hacer tantísimo jabón pero creo que es al contrario: a los jaboneros os encanta HABLAR de hacer jabón, hacer castillos en el aire –o con otra forma cualquiera-  y elucubrar sobre jabones futuros que sólo existen en la imaginación calenturienta que os corroe. Así cada uno le dais vueltas a vuestros inventos. Omar a lo mejor piensa en “el grito” de Munch y calibra cómo conseguir que el jabón dé chillidos cuando esté curado. Un suponer.  Pero una cosa es darle vueltas al molde que cada uno tiene sobre los hombros y otra muy distinta ponerlo en práctica. Recuerdo que en la quedada de Salamanca, donde los consortes nos dedicamos básicamente a zampar y a jugar al mus, las jaboneras se las prometían muy felices. En los días previos se cruzaban mails con planes de hacer cincuenta cremas, ochenta jabones y no sé cuantos experimentos más en sus marmitas… Luego la cosa se quedó en un jaboncillo y una crema hecha deprisa a última hora, cuando ya estábamos arrancando el coche. Más que hecha era una crema echa. Lo cual no impidió que hablaran de jabón hasta el hastío. En la próxima, seguro que entre las diez o doce que vayan consiguen perpetrar un bálsamo labial.

Pero yo no iba a hablar de eso… Que esta crónica es para presentaros a mi amigo Braulio, al que Mar le disparó estas dos instantáneas que cuelgo de la página. Porque resulta que hay muchos de mis amigos lectores que creen que a Braulio me lo he inventado. Marina, Mariyerbas… la mitad de vosotros. ¿Cómo voy a inventar yo una cosa tan grande? Ahí lo tenéis jaboneros de poca fe, el mismo que viste y calza (un 52). Al echarle un vistazo a las fotos tened en cuenta que yo mido 1,80 y peso 75 kilos, por mucho que parezca un alfeñique a su lado. No es que yo sea pequeño, es que aún se recuerda en Villamatojos cuando le dio una palmada en la espalda a Jesús, que se había atragantado con un hueso de aceituna y salido el chucho disparado con tanta fuerza que no hubo manera de encontrarlo, por más que el medio ahogado, lloroso todavía, quería conservarlo como recuerdo. Contusionado, el hombre. Contusionado pero muy agradecido.

Seguimos haciéndonos la casa. Como está de moda meter algo en la primera piedra paramos al albañil y echamos diez céntimos para atraer la buena suerte.

-Hombre… -desaprueba Braulio que está mano sobre mano  viendo trabajar, que es cosa que le gusta mucho. Hombre… con esa miseria mucha suerte no vais a tener, todo lo más que en vez de bronquitis cojáis un catarro. Se echa una moneda de oro.

Como de monedas de oro no andamos sobrados añadimos un euro, cara arriba, así que nos hemos asegurado una suerte de 1,10, que no está mal.

Pero yo estoy aquí contándoos mis cosas y metiéndome con vosotros –sólo por la fuerza de la costumbre, que os tengo mucho cariño y me doy cuenta, después de tanta crónica, que siento una sensación de mesa camilla, de braserito de cisco de los de mi abuela, que escarbaba las brasas regularmente calcinándonos los huesos a todos los que nos sentábamos alrededor tapándonos con la tela. Ella no se quemaba, que para eso se ponía una revista en cada pantorrilla atada con una liga. Os imagino aquí, conmigo, en la camilla, pegando la hebra, ilustrando a este iletrado y escéptico consorte, sobre cómo Pilatos se lavó las manos con un jabón sobreengrasado al ocho por ciento hecho con aceitunas del huerto de los olivos, o mostrándome cómo cuajar las natillas caseras con Olivem. Seguro que en otra esquina de la mesa aparece en cualquier instante en mi imaginación, que es lo único que no nos han tocado los políticos a los funcionarios, algún consorte comentándome en un aparte cómo tira a la basura los botecitos de cristal de los yogures sin que se dé cuenta su jabonera para que no lo acaben echando de casa; los botes, digo, no la jabonera.

Porque en un tarrito, sea de cristal o barro, sea grande o pequeño se pueden guardar colorantes, dosificadores, papelillos, jugos, polvos y lodos, chocolate en polvo, café en grano, aire en espera, firulillos que esperan jabón, jaboncitos que esperan firulillos, llaves, notas, un poquito de crema que sobró, lana, rafia, flores secas, flores para secar, palillos, polen, cáscaras de naranja… al final no cabemos las personas. En nuestra nueva casa suplico tener un cajoncito para mí solo donde meter mis chorraditas (colecciono relojes baratos). Un cajón que no esté invadido por los escaramujos. Empresa difícil: los jaboneros sois inflacionistas por naturaleza y si alguien os regalara una tonelada de flor de manzanilla no diríais que no. Seguro que nosotros, en cuanto llegara el camión con la manzanilla, nos trasladaríamos a vivir al cuarto de calderas dejándole a las flores la casa acondicionada, porque en el cuarto de calderas no se pueden acoplar, no vayan a coger olores malignos…
Os voy a dejar por hoy, que no quería escribir crónica, que sólo pretendía mostraros a Braulio en toda su humanidad. ¿A qué no lo imaginabais así?


El blog de mi chica: http://jabonesartesanoslacajitademadera.blogspot.com más largo el título que los cajones de jabón de Braulio.  Me voy al contenedor a tirar un bote de cuajada de Gaza (empresa lechera zamorana) antes de que Mar le encuentre destino.
-¿Qué vas a hacer con eso?

viernes, 14 de septiembre de 2012

Mi gatita Polawax


Para todos los nuevos seguidores… ese montón de nuevos amigos que se han incorporado a estas crónicas. De hecho yo mismo lo he hecho después de una ausencia prolongada, pero como sin vosotros no hay estado del bienestar, vuelvo al reconfortante brasero de las crónicas. Bienvenidos otra vez todos.

Sé que parece fácil escribir una crónica semanal (ya os daréis cuenta de que con las semanas que llevo callado no me ha resultado tanto) pero si no tienes internet y te tienes que manejar con el móvil, si estás a vueltas con albañiles, carpinteros, pintores, fontaneros… y resulta que un carpintero, es sólo un ejemplo, te dice que una mosquitera cuesta 350 euros, comprenderéis que me tiemble el lápiz. He pensado en subirle el IVA a la crónica y ponerle un tres por ciento más de líneas, que está de moda. Si además tenéis en cuenta que tal como están las cosas a lo peor el año que viene me trasladan de Villamatojos a Burgos, no tiene uno el ánimo muy allá, ni ánimo tiene, vamos, como co… va  a llegar a Burgos... Os presento al nuevo inquilino de la casa, una gatita más fea que un dolor, pero mimosa e independiente, a la que llamamos Polawax. Aunque hasta hace pocos días se llamaba Comotú. Y mi padre, al que la palabra le parece un arcano la llama “Paraguay” o “Paraguas”.

Qué mal están las cosas.... Se está sustituyendo el gusto por lo natural por que sea natural que no te des el gusto de nada… si se trata de usar un buen jabón, prefieres que se desequilibre la piel a que se desequilibre el presupuesto. Suerte que Braulio, que tiene huerto, nos trajo un puño de judías verdes (dos kilos le caben en el puño) y yo mismo he plantado un huerto, con un amigo, para aprovechar un pozo, que no sé si sacarle el agua o tirarme dentro.

Se pasan los meses y seguimos esperando a nuestra casa, viviendo con mi padre en la suya, que ha decidido que es contrario. Si digo que a Polawax, como a todos los gatos, le gusta la leche, dice que no, enfadado y cruzando los brazos. Para todo so tiene un arre y si a mí se me ocurre insistir en que la leche es de color blanco dice que lo que me pasa es que no le quiero. Estamos como el pobre E.T repitiendo “mi casa” por los rincones, y hasta con el dedo hinchado, porque me lo machaqué con un martillo colocando unas cortinas.
La misma gente está de mal humor, el otro día le digo a un compañero, que encontré de paseo por Zamora:

-Hola, Luis, ¿cómo estás?
-Pues anda, que tú…  -me respondió.

Me consuela imaginar que estáis todos los jaboneros felices como perdices en vuestra pompa. Vosotros que inaugurasteis los recortes empezando por la sosa y ya estaréis acostumbrados. Vosotros que seguro que podéis utilizar aceites esenciales de futuro y habréis aprendido a hacer lo que nos piden: gastar más ganando menos. Eso tiene que ser más fácil que un aceite se convierta en jabón por la gracia del Hidróxido Sódico. Vosotros, insignes jaboneros, que dejáis limpia hasta la mirada.
Creo que hasta estamos perdiendo el oído, porque ayer me llamaron por teléfono y me dijeron tras saludar yo, todo lo amablemente que podemos saludar los que somos un poco adustos, la voz un poco ronca por una faringitis, que aquí tenemos de todo, pues que van y me llaman y contesto: hola, buenas tardes, ¿quién eres? Y me responden: “¿Eres Mar?”.

Pero… ¿qué hago yo aquí llorando? Nada, nada…  

-Que nos van a quitar lo bailao… -me comenta  Braulio, que es algo así como el viejo del visillo y se sorprende de que yo no me sepa todos los chismes del pueblo, como él.
-Pero si yo nunca he sabido bailar, qué más me da.

¡Ay! Además han venido una semanita mis suegros. Y mi suegro también insiste en que la leche no es blanca y si me emperro en llevarle la contraria me dice: “seguro que si te lo dijera tu padre le dabas la razón…”. Es la leche…

Creo que me voy al bar a tomar una cerveza con panchitos. O a ver cómo no ponen ladrillos en la casa nueva o a dar una vuelta por el pueblo. Vivo en el centro, porque es un pueblo tan pequeño que todos vivimos en el centro y en las afueras, debe ser eso por lo que la lluvia ni nos encuentra desde hace más de un año y están que trinan los agricultores y los pozos. Hasta los pájaros trinan de sed y protestan de esos dueños de higueras que parecen políticos y no hacen más que ponerles plásticos y engaños y brillos para que ni se acerquen a comer.

-No me juzgues, Polawax, le digo a la gatita que me escruta desde un cojín, gatita fea. Es fea, la pobre, parece un jabón de cuatro arcillas mal curado.
Mi gatita Polawax me mira un poco de través, como dudando de mi estabilidad mental, entrecierra los ojos y me ignora otro ratito repantingada en la butaca.

Sí, ya sé, quedé en consignar por escrito el blog de mi mujer, para quien quiera verlo y pincharlo, pero estoy con pocas ganas de todo. El que quiera que escriba en google “la cajita de madera” y si eso ya se encarga el señor Google de hacerme el trabajo. Nos vemos…

sábado, 7 de abril de 2012

Quedada en Castilla y León

La verdad es que la perspectiva de irme a Paradinas, amenazando lluvia, a enfrentarme a un montón de jaboneras yo solo me daba un poco de miedo. Además de que como estaba el tiempo no era cuestión de paradinas, era para ir sin andar parando no cayeran chuzos de punta.

-¿Y si te dejo con Symbelmine y Mariyerbas y me vuelvo a casa con Ángela, que está malita?
-Ni hablar.

Y me hice a la idea de encontrarme a las chicas con sus redomas, sus ungüentos, sus palabras cabalísticas, sus gorros picudos y sus lechuzas, sus cuadernos de apuntes para leer los hechizos… El tiempo brumoso y de tormenta acompañaba…

-Pero si las jaboneras sólo tenemos cosas buenas, Chiskis. Y seguro que Maripochi es un encanto.
-Claro, para eso vive en la calle de las Virtudes.

Yo, para no verme solo había hablado con Braulio:

-¿Por qué no te vienes conmigo, que te quieren ver?
-¿Qué dices? Te doy un chorizo y vas que chutas. ¡A ver si crees que no me doy cuenta de que piensan que no tengo pedigrí! Sólo porque no soy pijo, como ellas. Mariyerbas cree que ni existo siquiera, ya ves qué consideración me tiene…

Y llegamos al pueblo. Es como Villamatojos, pero más grande, más pueblo. Vaya por delante que fue un día estupendo, que los anfitriones merecen un diez y que me sentí (nos sentimos) a gusto todos con todos y con ganas de repetir. Maripochi es un cielo con burbujas y las jaboneras que no conocía fantásticas personas, me quitaría el sombrero si lo tuviera. Llevo un mes intentando cortarme el pelo y dejándolo para mañana. Con sombrero, además, acabaría pareciéndome a Juan Tamariz.

La primera gran noticia es que había jaboneros consortes, así que en cuanto empezaron a ocupar la cocina, de manera que a Ángel, el bebé de Tashat, se lo tuvieron que llevar a otra habitación porque no cabía y se pusieron gafas de esas de motorista de la segunda guerra mundial, cuando empezaron, digo, a perpetrar un jabón de columna, nos apartamos a un patio a jugar al mus y a reflexionar no siendo que a la columna, un jueves santo, decidieran como innovación atarnos a alguno en plan pasión, que le ponen mucha pasión estas mujeres. Nosotros iniciamos una terapia de grupo a base de tortilla de Fernando y vino, chorizo de Braulio, empanada, queso y demás vituallas… que ya dudábamos si aquello era una convención gastronómica o una quedada de jaboneros. Fijaos que suerte que ni siquiera se les ocurrió repartirnos unas bolsas con tablas y clavos para que les fuéramos haciendo unos moldes.

-Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece. –se escuchaba desde la cocina. Nosotros nos miramos, pero un jabonero consorte está al cabo de la calle de excentricidades y no hicimos mucho caso. Yo pensé que se estarían contado o aprendiendo matemáticas y que en cualquier momento se arrancarían con la tabla del siete.

-Pues Olivia –aventuraba Paco- el otro día va y me dice: “Corre, que se me está poniendo duro…”. “Hombre” –le contesté- “¿eso no lo tendría que decir yo?

-Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho…

-Pues yo –aseveraba Fernando orgulloso- en cuanto me pide un molde ya está hecho.

Vamos que como es un jabonero de oído, como los demás, lo mismo hace un yunque que un lenticular que un estribo… Un buen tipo, Fernando, si exceptuamos que se quedó corto de vino, hasta me dio lástima zurrarlo al mus.

-Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve…

Paco se encarga de la intendencia jabonil, como yo, claro, como Fernando, como Alejandro… Hasta les hacemos de cobayas, que Paco probó un exfoliante que le hizo una serigrafía sangrante en la piel. Olivia pensó que se les había ido un poco la mano a ambos. Alejandro comenzó a hacer una paella monumental, afuera llovía pero decidimos combatirlo con otro vinito y con la lluvia hicimos lo mismo que hacen en Villamatojos cuando llueve: la dejamos caer.

-Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete…

No me pude reprimir y me acerqué a la cocina a ver lo de los números.  Allí estaban aquellas locas con sus viejos cacharros y sus mandiles atacando a un pobre jabón que estaba temblando en el medio sin saber qué hacer, sin lugar por donde escaparse, rodeado. Torturaban al pobre, al que llamaban de las ochenta y siete arcillas o algo así, con sus batidoras mecánicas. Tuve que sortear a Tashat y ponerme de puntillas a ver si veía algo porque no se apreciaba de qué color era el suelo con tanta gente. Y a la que le tocaba cogía su jarra y dejaba caer la masa sobre el palito: uno, dos, tres… Debía ser para echar la misma cantidad cada vez, que debe ser más importante que nivelar la mesa, que estaba torcida. Cuando acabaron lo sacaron en procesión cubierto con un plástico (sería para que no se estropeara el paso), lívido él como un ecce homo.

Otra cosa que me sorprendió es que yo pensaba que las jaboneras eran como espíritus adoradores de lo sano y lo natural y comerían tofu, o abrótano macho aliñado con aceite esencial de cardo mariano (no va por lo que tú sabes Mariyerbas). Pues no, beben y fuman y se atiborran de colesterol, las muy brujas. Y si Tashat no lo hace, por ejemplo, seguro que es porque su suegra, que es un encanto y muy divertida, lo hace por ella, o su suegro, que el único defecto que le vi es que no sabe jugar al mus.
Ángela, que pensaba que la única jabonera del mundo era su madre, se quedó sorprendida de aquella brigadilla de mujeres armadas con batidora. Se refugió en Encarna (gracias Encarna) y no apareció por la cocina, ni cabía la pobre. ¡A ver qué cuentas! –me amenazaban mientras Isa les repartía un botecito con aceite de ricino que era soluble en el aire, me parece. Porque es que además hicieron lo de la amiga invisible. No entiendo lo de invisible porque se estaban viendo todas, aunque tan de cerca que no creo que se distinguieran los matices. Jabón, jabón, salvo el pobre torcido de la columna, hicieron poco, una crema de cualquier manera por la tarde. Porque no fueron a hacer jabón. Era mentira. Habían convocado el aquelarre para charlar, comer y reírse, perspectiva que me anima a concurrir a otros, sobre todo porque le debemos una revancha a Fernando y Alejandro. No se sabe si en Bilbao, porque los jaboneros consortes vamos adonde nos lleven.

Aunque algo bueno tendrá el jabón artesano porque nadie diría la edad de Fernando (la palabra artesano está añadida después porque Mar me ha recriminado que escriba sólo jabón). Teníais que haberles visto la cara cuando me presento en la cocina recriminándole a Maripochi que tenga un LUX en el baño. La miraron escandalizadas, tanto que yo me dije… “le retiran el carné”. Tuve que decir que era mentira antes de que decidieran lincharla en su propia casa o le hicieran sangre con las batidoras. Alejandro mientras tanto seguía con la paella y con un gesto de “yo me lavo las manos”. Anda que le sudaría la frente al muchacho: con tanto jabón se lava las manos cualquiera.

Lo que eché de menos fue una ceremonia de iniciación, un bautismo de sosa de alguna jabonera neófita, todas con las cucharas de madera cruzadas y ella pasando con una guirnalda de flores en la cabeza y un jabón en la mano y las avezadas jabonatrices cantando algo a propósito: la virgen lava pañales, se me ocurre, porque la verdad es que los cantantes no le hacen gorgoritos al jabón, sólo lo usan después de la función. Algunos. ¿Qué le habéis echado al jabón? –pregunté por preguntar, porque nos pusimos los consortes a recitar: Oliva virgen, coco, palma… porque nos sabemos la letanía.

Estuve a punto de proponer una, ya que estábamos en Semana Santa:
-Por el jabón artesano. Te rogamos, señor.
-Por los consortes oprimidos. Te rogamos, señor.
-Porque liberes a tu pueblo de los jabones comerciales. Te rogamos señor…

Es que faltó algo que se adecuara a las fechas, si exceptuamos las torrijas. Algún padre nuestro jabonero, algo. “Padre nuestro que te lavas en el cielo con jabón artesano, santificado sea el aceite, venga a nosotros tu molde, háganse las cremas así en la tierra como en cielo, el jabón nuestro de cada día dánosle hoy y perdona nuestras ofensas con geles del Carrefour así como nosotros perdonamos a los que no usan nuestros productos naturales. Y no nos dejes caer en la tentación de Cristhian Dior, Amén”

Me decían continuamente: ¡Ojito con lo que escribes! Pero si sois encantadoras todas. Una me dijo en un bis a bis: “si se te ocurre escribir algo malo recuerda que te volverán a traer a alguna cosa de estas, tú sabrás…· Si sois casi perfectas. “A ver lo que largas por esa boca”. Encantadoras… Mariyerbas: “Esto no lo cuentes, por Dios”.  Mar, de vuelta en el camino: “A ver qué cuentas, que son majísimas” Todo esto se resume con tres palabras: libertad de prensa. Porque están deseando que escriba y ver que escribo pero cuidado no te vayan a batir después.

Y los mandiles… de plástico algunos, con lo poco natural que es. Uno de una editorial, otro de un pueblo… ¿Qué es eso? Un mandil de jabonera debería ser de fibra de esparto virgen extra. Y las gafas de madera de boj. Todo natural. Los guantes de acelgas trenzadas, secadas a la sombra. Todo natural. Porque eso de fregar los cacharros con Fairy… Y hablar, que no callaban, en lugar de manifestar un silencio respetuoso por el pobre jabón al que acababan de ajusticiar. Gélido ya el pobre, que ellas mismas lo reconocían: “ya está gelificando”. Algo así como que ya tenía el rigor mortis.

Y la crema… que si tú tenías la receta de Mariakine, que no, que a lo mejor está entre los pañales del niño, que tú Mar que haces cremas, a ver qué ponemos. Que no tenemos manteca de Karité, pues le ponemos empanada de morcilla… Que no, que lo suyo es que los mandiles tuvieran escritos los ingredientes. Uno por jabonera. Por ejemplo: “Aceite de aguacate 123 gramos”. Así cada una leía lo que tenía escrito la de al lado y listo. Claro que para entonces, con el estómago lleno, ya no tenían ni ganas de hacer la crema. Mariyerbas sacando sus libros antiguos y sacando casi un ojo a la de al lado, que no cabían, que si va otra jabonera la ponen con nosotros a jugar al mus. Y yo intentando, entre juego y juego, meter la nariz y ellas girando las batidoras inconscientemente en mi dirección. Yo he visto la crema y es como el vino que tiene Asunción, que ni es blanco, ni es tinto, ni tiene color.

Lo pasamos bien, pero todo se acaba. Regresamos a casa como el jabón: pasados por agua. El cielo nos castigaba tirando granizo en piedras, por hacer jabón.

Amigas buscamoldes,  simpáticas batecremas,  divertidas aceiteras, esta no puede ser sino una crónica amable. Gracias a todas por ser jaboneras, como sois, y si sois un poco menos, mejor. ¡Tampoco hace falta ser tan limpio! Hasta otra donde reine la alegría y… si no hacéis jabón tampoco os lo vamos a reprochar.  Si lo hacéis tampoco. Besos en pastilla para todos y hasta la próxima.

¿A que no soy tan malo? Iba a poner fotos en la crónica, pero no me cabía la cámara en la cocina, lo siento.

sábado, 17 de marzo de 2012

Propiedades del ACEITE DE OLIVA

Puestos a demostrar mis conocimientos teóricos sobre el mundo del jabón, voy a desarrollar el tópico que figura en el encabezamiento: el ACEITE DE OLIVA. Básicamente se compone de tres elementos fundamentales: “Aceite”, “de” y “Oliva”, que a su vez se subdividen en trece elementos simples: a, c, e, i, t, e, d, e, o…  Cabe destacar que la preposición “de” remite a la oliva. La oliva sería la madre del cordero en este caso, aunque no, porque si fuera de cordero sería grasa animal. La oliva… procedente del árbol mediterráneo que Zeus le regaló a Afrodita un día en que esta se levantó con dolor de cabeza y la mandó a hacer jabón.

-¿Y qué es eso? –preguntó Afrodita.
-No sé, yo sólo soy Dios…

Y ella, a pesar de no ser nada SOSA hizo el primer cocoliva mitológico que se desconoce.
El olivo se divide en dos tipos: el normal y el relleno de anchoa. Aunque he de confesar que esta crónica la estoy desarrollando mientras trasiego una tintura de olivas en Martini blanco que tiene insospechadas propiedades terapéuticas y psicotrópicas legalmente permitidas por la ley (de momento).
El aceite de oliva se obtiene igual que una carrera universitaria: a base de machacar. Primero le dan palos al olivo, como si hubiera hecho algo el pobre y luego masacran las aceitunas sin compasión de ningún tipo.
Las propiedades del aceite de oliva son infinitas. Puede freír: chorizo, pescado, patatas, croquetas, filetes, espárragos… Es más…¡hasta el aceite de girasol puede convertirse en acetie de Oliva si quien la compra se llama así. Versatil, versátil. Sabor suave, intenso, profundo, inextricable. ¿Y qué me decís del virgen (hecho con las aceitunas más feas)? Luego está el virgen extra y el megaextra, en el que ni siquiera machacan las aceitunas, las visten de alta costura.

El aceite de oliva destaca además por su capacidad: medio litro, 1 litro, 1 litro y el 10% gratis, cinco litros… y por su vestido: de diario en plástico, los domingos de lata o cristal y en las grandes celebraciones luce una minifalda de lacre y se encoge hasta los 150 ml. Puesto, como estoy, a llegar a las últimas consecuencias del análisis y la afición didáctica que me mueve no puedo olvidar que el aceite de oliva se compone de sustantivo + preposición + sustantivo; aunque un lingüista escrupulosos afirmaría que el “de oliva” es un sustantivo adjetivado, o a la inversa que ya me queda poca tintura de Martini y voy a tener que pasar al aceite esencial de Whisky, sin mezclar con el aceite de oliva porque no se hablan.
Curioso aceite, el de oliva, que a la gente le gusta por lo que no tiene: colesterol. Que hablas con ellos y les preguntas si les gusta el aceite de oliva y te contestan que . Y… ¿por qué? Porque no tiene colesterol. Que triste que a uno le guste algo por lo que no tiene. Es como decir que te gusta estar vivo porque no estás muerto. Como decir que te gusta Paquita porque no es rubia… A los jaboneros les encanta también por lo que no hace: no produce alergias, no reseca la piel, no da problemas, no es caro…
La pobre Oliva  -me refiero al fruto, no a mi tía- transita machacada por la vida y está la pobre, como los políticos, machacada por la prensa. Vive con su color verde oliva pendiente de gente a la que le gusta lo que no tiene.
Aparte de que le falta pedigrí: es mucho mejor en América, porque es mucho más cara. Y en eso es como mi abuela Chon, que valoraba los medicamentos que le recetaba Don Carlos, el médico rural de toda la vida, por el precio: cualquier cosa que costara menos de mil pesetas de la época le parecía que no curaba bien.

Esto parece una hagiografía de Santa Aceituna, pero no os engañéis, no me da ninguna pena porque tiene el corazón duro, puro hueso.

Además siempre está a dieta -la traída y llevada dieta mediterránea- que ni sé cómo no llamáis jabones dietéticos a los jabones. De hecho me parece una inconsecuencia de los jaboneros el que no paséis las pastillas de aceite de oliva por harina y huevo, que sería lo suyo.

¿Para cuándo una película de amor con el aceite de oliva y la sartén como protagonistas? Afrutado, con matices de roble sobre un lecho de flores silvestres sobre un fondo de heno… (me refiero al whisky) En fin un día de estos me pongo a hacer  alioli (que es un jabón de aceite de oliva sin sosa, ideal para comer con gambas). Ya voy, cariño, estoy acabando la crónica.

El blog de Mar: http://jabonesartesanoslacajitademadera.blogspot.com Espero que este sesudo ensayo sobre las virtudes y defectos de la aceituna (la tengo delante de mí, pinchada en un palillo) sola o en compañía de otros, os haya resultado ilustrativa, interesante… y entretenida. Pronto iremos a la quedada en Castilla y León y prometo llevarme un bolígrafo y un cuaderno para contároslo después, por mucho que Tashat quiera registrarme a la entrada para que no introduzca armas. Saludos, amigos.

miércoles, 29 de febrero de 2012

YO CONFIESO

YO CONFIESO, que después de tanto tiempo rodeado de tanto ilustre jabonero pertinaz compulsivo, de tanto escuchar arcanos taróticos inidentificables en forma de palabros ininteligibles que los especialistas en las mezclas sois capaces de realizar sin que se os corte ni siquiera el aliento… he acabado por aprender cosas, he acabado por ser un teórico del jabón. Soy un jabonero sin cuchara, conozco más plantas de las que debería y miro con cierta envidia a aquellos que distinguen sólo entre las comestibles y las que no. ¡Qué me ha pasado! En qué momento se introdujo en mi mollera lo que era un sobreengrasado, el óxido de zinc o el polawax. ¿Por qué puedo hablar si quiero de la concentración, la dureza, los índices de saponificación, tinturas, el manejo de la calculadora, la proporción de aceites esenciales o el extracto de semillas de pomelo. ¡Dios mío si he aprendido tantas cosas me estoy convirtiendo en un crítico! Y un crítico de jabón es lo mismo que un crítico de cine, o de literatura: no sabe hacer cine, no sabe escribir… pero sabe poner faltas a todo lo que se le acerca a los ojos.


¿Dónde se ha ido mi inocencia primera? ¿Dónde aquella ingenuidad que me hacía ignorarlo todo y así vivir feliz? Iba a decir que a vivir tan ricamente, pero como tengo poco dinero ignoraré el término. ¿Pues no he descubierto que cuando de repente Maribel, ex Marina, o jabonosa, ex Mendruga, largan sobre los efectos termobióticos transustanciales de la exudación cosmética de la genciana, me sorprendo leyendo ávidamente su cabalística opinión con un interés que antes sólo dedicaba a las cosas que tienen botones y necesitan la luz eléctrica para funcionar? ¿Me estaré volviendo natural como el Braulio! Me da miedo ir a la quedada que tienen prevista en Salamanca Tashat y compañía no siendo que me haya por allí un San Juan Bautista jabonero que me catequice en el río Tormes y me bautice en la nueva fe. Me da más miedo todavía ir y que me guste hablar de jabón. He tratado de huir de este sofocante síndrome y me he puesto a leer las novelas de McCullough sobre Roma y me descubro releyendo el párrafo donde explica cómo blanqueaban las togas los romanos.

Necesito una cura urgente, como es muy urgente lo escribiré con h, “hurgente”. Pero... ¿dónde ir? Dónde encuentro yo a alguien que me desintoxique si además me dan repelús los champús comerciales y los jabones de a tres un euro. Si me sorprendo valorando la textura de un jabón como si fuera enólogo: “afrutado, acariciante en la piel con matices de bosque y frutos silvestres”.  He estado remoloneando en escribir estas crónicas a ver si se me pasaba. Incluso en el trabajo me hicieron un chequeo, obligatorio, y les pregunté que si no tendría alzeimer. ¿Qué vais a pensar de mí estimados jaboneros cuando os diga: “que soy nuevo en el foro, que no sé cómo puedo ligar una crema, echadme una mano”. Porque comprenderéis que no le voy a decir a Mar que me lo explique y se parta el culo. Aparte de que ya lo sé, que es lo peor, que me sé la teoría a la perfección, que puedo explicaros la técnica de la columna, de la cuchara o la de esos magníficos jabones de Omar. Me ataré las manos para que no llegue un día en que me ponga a juntar aceites y dar vueltas. Si el otro día hice unas natillas y Mar me preguntó que si ya estaban y le respondí que casi, que ya estaban cogiendo la traza.

Socorro, Socorro, Socorro. Que un alma caritativa me diga que esto es sólo una pesadilla y que me despertaré abominando de las pompas mundanas, y no porque me haga fraile sino porque siga odiando las pompas de jabón.  Necesito saber que esto es un virus preprimaveral y que saldré de él haciendo cuchufletas de vosotros como siempre (eso no se me ha pasado, lo siento).  Pensé que comentándoselo a un ser tan poco espiritual como Braulio se solucionaría todo, pero cuando le dije apesadumbrado que me gustaba el jabón, me contesto que entonces con qué me lavaba antes.

Esta crónica no puede ser más larga, me voy a lloriquear un rato al sillón a ver si compadeciéndome de mi mismo se me va. Que Mar tiene un blog http://jabonesartesanoslacajitademadera.blogspot.com , un blog que adorno, al que subo fotos y cambio los pañales en cuanto puedo. Estoy cautivo de esta cadena de jabón, en una cárcel virutal con paredes de sosa y barrotes de aceite con una cerradura que se abre con una cuchara de batir y sueño pompas redondas en lugar de balones redondos de fútbol. Sniff. Y el aceite de jojoba que no deja de subir... ¡qué barbaridad!

lunes, 26 de diciembre de 2011

El camino que vuelve de Belén

No me gusta la Navidad. No quiero ni que me toque el sorteo del niño. ¡A ver qué hacía yo ahora con otro niño! Me deprime la Navidad. Este año ni siquiera hemos puesto adornos, salvo la guirnalda (casi lo parece) de jabones colocados en hilera sobre la mampara del baño.
Y esos villancicos… “Ande, ande, ande la Marimorena”. ¿Y por qué la llaman así? ¿Y dónde quieren que vaya la pobre caminando? Y más en Nochebuena, con el frío que hace. O el de “los peces en el río”. ¡Qué empeño en que miremos como beben! Primero, que los peces no beben y segundo que van y añaden “por ver a Dios nacido”. ¿Qué pasa, que es un niño subacuático o que la virgen tuvo un parto en agua, que es muy moderno?
Todo me suena raro y estúpido en navidad. “Feliz noche”, te dice cualquiera. “Feliz noche”. ¿Y por qué no me la desea todos los días del año, que me dice “hasta luego” y gracias. ¿Y la misa del gallo? ¿Qué tienen que ver los gallos con una misa? A las doce de la noche los gallos están subidos en un palo durmiendo y, a menos que los despiertes a campanazos, no cantan.
Más villancicos: “Hacia Belén va una burra cargada de chocolate” ¿Quién se va a creer eso? ¡Con el belén que tienen siempre en Belén! A no ser que se trate de contrabando, que entonces, ahí sí,  se puede entender que con otro tipo de chocolate alguien cargara una burra y fuera por los caminos de noche… ¿Y eso del “chiquitirritín vestidito de blanco”? Aparte de lo cursi que resulta eso de “chiquirritín”, ¿cómo que vestidito de blanco? ¿Y por qué no de amarillo? Pero si siempre lo hemos visto con el refajo ese para taparle la colita, ¡cómo que de blanco! Vamos, hombre…
Y ese niño… ¿de dónde sale un niño con rayos dorados en la cabeza? ¿se contaminó en Japón con lo de la central nuclear? Todas las costumbres de Navidad son así. Comparadas con ellas lo del jabón tiene hasta sentido. Y encima resulta tedioso que cada año nazca en el mismo sitio, porque si fuera un niño Dios itinerante sería mucho más ameno y hasta serviría para promocionar el turismo.
Todo resulta absurdo. Hasta el posadero, el jodío, que no aprende. Porque… la primera vez que no les des posada y mandes a José y María a hacer puñetas, lo entiendo… pero…¡so bobo!, ¿es que no te acuerdas del año pasado, que es Dios? ¿Todavía no te coscas? Ni sé cómo sigues con el negocio.
En Villamatojos cantan: “esta noche nace un niño y mañana lo bautizan, el día de las Candelas sale con su madre a misa…” ¡Anda ya! El tío en dos meses caminando… pues de mayor tendría las piernas  arqueadas como que me llaman Chiskis.  Y dale que te pego con el portal, que allí van pastores, reyes, vecinos, magos, ángeles… ¡qué atasco! Hasta las muñecas de Famosa se dirigen al portal. “Navidad, Navidad, dulce Navidad” ¿Cómo que dulce? ¿Es que alguien se la ha comido a mordiscos como un bollo para saber a qué sabe?
¿Y eso de que te tengas que atracar de comida como si fueras un San Bernardo?
Más villancicos: “El camino que lleva a Belén baja hasta el valle que la nieve cubrió…” ¡Y una porra! En Belén no nieva nunca. Y encima el tío va con un tambor a darle la serenata al niño todos los años, que lo único que se merece es que San José le atice con la cayada en la cresta a ver si se calla de una vez. ¿Y el de Campana sobre Campana? “…asómate a la ventana verás al niño en la cuuna…” Pues sí, lo más fácil, tú que me estás leyendo es que dejes el ordenador, te asomes a la ventana y hala, seguro que ves a un niño en la cuna, no hay más que mirar…
Y qué pensar de ese gordo barrigón de Santa Claus. ¿Qué pinta ahí? Que me lo expliquen. Y por qué trae regalos. ¿A cuento de qué? Y por qué tiene que bajar por la chimenea  encima de regalarte cosas, con esa obesidad mórbida y ese gorro con pompón. Como los reyes magos, que uno se los imagina como a Juan Tamariz haciendo desaparecer las cagadas de la burra. Y todos los años regalando lo mismo: oro, incienso y mirra… ¡Pues vaya cosas para regalarle a un bebé! ¡No me digáis! Que será Dios, la criaturita, pero no es gilipollas. Ahí si me pega regalarle jabón, ¿veis?. Incienso… ¡Coño, que son pobres, regálales un bote de leche de iniciación o algo… ¿qué coño van a hacer con el incienso? Y al año siguiente lo mismo. Y van en camello. ¿? Y con la corona puesta. ¡No puede ser! Con lo que se mueve un camello o la llevan clavada en la sien con un clavo o se caerían al suelo. Y ese machismo, todo hombres, ni una reina maga para poder dar un discurso políticamente correcto”. Y los pobres pajes caminando y ellos sentados tan ricamente. ¡Joder, que les hagan sitio en el camello, que vienen andando desde Oriente y deben tener los pies en carne viva…
O lo de las campanadas de fin de año: a millares apretujados esperando que den las doce. Pues vaya… ¡que se junten en primavera que hace menos frío! Y total, ¿qué ha cambiado desde un minuto antes? Ya no digo lo de ponerse bragas rojas y cosas de esas, que no digo yo que no tengan su morbo, pero que tiene eso que ver con que empiece otro año, por mucho que se presente al rojo vivo con tanta crisis.
Soy un caso perdido, necesito un jabón que impulse el espíritu navideño. No tengo remedio. “Arre borriquito, arre burro arre, anda más deprisa que llegamos tarde…” está cantando mi suegro rascando una botella de anís como si aún estuviéramos en los años cincuenta o alguien bebiera anís. Y…¿eso qué quiere decir? Porque en burro entre que atraviesa Europa y tal cuando llegue el niño ya ha hecho la primera comunión. Y, además, ¿para qué tanta prisa? Total el año que viene vuelve a nacer el muchacho…

http://jabonesartesanoslacajitademadera.blogspot.com Jaboneros, amigos, FELIZ NAVIDAD, si así la queréis y disculpadle al Chiskis esta especie de crónica del Club de la Comedia que me ha salido hoy por las venas del Pilot. Se os quiere a pesar de ser Navidad.